El dolor de muelas en los perros es uno de los problemas más subestimados, y más del 65 % de los canes mayores de 3 años presenta alguna forma de molestia dental sin que su tutor lo note. Estudios recientes muestran que pequeños cambios en la forma de masticar o en la respuesta al tacto pueden indicar inflamación profunda o daño en la raíz dental. Reconocer estas señales tempranas es esencial para evitar infecciones dolorosas y deterioro crónico. Comprender lo que su perro no puede expresar es la clave para proteger su bienestar oral.
Señales tempranas y poco evidentes del dolor de muelas en perros

Los perros pueden ocultar el dolor dental con gran habilidad, lo cual hace que las primeras señales de malestar oral sean sutiles y fácilmente pasadas por alto. Uno de los indicios más comunes es el mal aliento persistente (halitosis), que, según la Guía Dental de la WSAVA, puede ser un signo temprano de enfermedad periodontal o caries. También puede aparecer acumulación visible de sarro o placa bacteriana en los dientes, incluso antes de que el perro muestre quejas.
Otro signo poco evidente es la alteración en la alimentación: algunos perros reducen su ingesta, prefieren alimento blando o mastican solo de un lado, lo que puede indicar molestia al morder con molares afectados. Además, pueden “pasarse la pata” por la cara o la boca, como si intentaran aliviar algo incómodo, una conducta mencionada en las guías veterinarias como indicativa de dolor.
La inflamación o enrojecimiento de las encías pueden presentarse sin sangrado aparente. Cambios en el comportamiento también son importantes: un perro con dolor oral puede mostrarse más retraído, menos juguetón, o menos interesado en interactuar.
La salivación excesiva o babeo sin razón clara, así como la dificultad para comer y la caída de alimento de la boca, pueden ser señales tempranas de una muela dolorosa o un diente dañado.
Cambios sutiles en el comportamiento que indican molestias dentales en perros
Las alteraciones tempranas en la conducta suelen ser la primera pista y a menudo la más subestimada de que un perro experimenta dolor de muelas. Debido a su capacidad natural para ocultar el malestar, estas señales pueden pasar desapercibidas si no se interpretan correctamente. No se manifiestan de forma brusca, sino mediante pequeñas modificaciones en los hábitos diarios, especialmente en aquellas actividades que requieren presión mandibular, manipulación oral o contacto directo con el hocico.
En muchos perros, el dolor inicia con una variación mínima en la forma de masticar, que puede incluir pausas prolongadas durante las comidas, preferencia por un lado de la boca o rechazo parcial del pienso seco. Con el tiempo, estas adaptaciones dan paso a una reducción progresiva de la interacción social, ya que el perro evita juegos que implican sujetar, tirar o presionar objetos con la boca. Este distanciamiento también puede verse acompañado por una actitud más reservada o un incremento en la irritabilidad cuando se le intenta acariciar cerca del hocico.
Otra manifestación temprana consiste en cambios discretos en los patrones de autolimpieza facial. Muchos perros empiezan a frotarse repetidamente un lado de la cara contra superficies, un gesto que puede confundirse con picor o alergia, cuando en realidad responde a una molestia dental localizada. En casos más avanzados, el perro puede mostrar salivación ligeramente más espesa, movimientos mandibulares anómalos o un descenso del interés por juguetes que antes disfrutaba intensamente.
La observación cuidadosa de estos comportamientos sutiles resulta esencial, ya que permiten identificar el problema antes de que avance hacia infecciones periodontales más graves, resorciones dentales o abscesos que comprometen la calidad de vida del animal. Reconocer estas señales tempranas constituye una de las herramientas más valiosas para intervenir a tiempo y evitar daños permanentes.
Microgestos faciales y posturas que revelan dolor oral localizado

El dolor de muelas en perros rara vez se manifiesta con señales evidentes; por ello, la lectura detallada de microexpresiones y posturas se convierte en una herramienta diagnóstica fundamental. Los animales suelen enmascarar el malestar para mantener una apariencia de fortaleza, pero ciertos patrones sutiles permiten identificar molestias en la cavidad oral con un alto grado de precisión.
- Tensión mandibular persistente: Los perros con dolor dental tienden a mantener la mandíbula en una posición ligeramente rígida, limitando la movilidad natural del mentón. Esta tensión aparece especialmente cuando intentan abrir la boca para bostezar, jadear o masticar alimentos consistentes.
- Desviación ligera del hocico o ladeo repetitivo de la cabeza: Un perro con una pieza dental dolorida suele desplazar mínimamente el hocico hacia un lado, como si tratara de aliviar la presión en la zona afectada. Este comportamiento también puede expresarse como un giro repetido y breve de la cabeza, generalmente hacia el lado donde se localiza el dolor.
- Cierre incompleto o asimétrico de los labios: La incomodidad oral genera alteraciones involuntarias en la musculatura labial. El perro puede mostrar una comisura más elevada que la otra, o mantener un leve entreabierto en el lado afectado, señal útil para localizar la pieza problemática.
- Retracción fugaz de los labios (lip retraction): Un microgesto muy característico consiste en retirar los labios por una fracción de segundo, dejando al descubierto un sector de los dientes posteriores. Es una reacción refleja al estímulo doloroso, similar a las microexpresiones humanas de incomodidad.
- Descenso parcial de las orejas asociado a contracción facial: Aunque las orejas no están directamente vinculadas a la boca, su movimiento sirve como indicador de tensión emocional. Los perros con dolor bucal suelen bajar una oreja de manera sutil mientras presentan un leve fruncimiento en el área periorbital, especialmente cuando mastican o reciben contacto en la cabeza.
- Miradas fijas breves acompañadas de parpadeo lento: Cuando el dolor es localizado pero constante, el perro puede detener momentáneamente su actividad para “procesar” la molestia. Se observa entonces una leve fijación de la mirada seguida de parpadeos más lentos de lo habitual, comportamiento vinculado a la regulación del malestar.
- Protección del lado afectado mediante inclinación cervical: El perro adopta una postura en la que inclina mínimamente el cuello hacia el lado sano, evitando que el lado dolorido quede expuesto durante interacciones sociales, alimentación o juegos. Esta postura tiende a mantenerse incluso en reposo.
- Reducción del jadeo o jadeo interrumpido: El jadeo es un comportamiento fisiológico normal, pero cuando existe un punto doloroso en la boca, el perro lo reduce o lo interrumpe abruptamente. La causa suele ser la fricción de la lengua o del flujo de aire sobre la pieza afectada.
- Microtemblores en el hocico al presionar la zona dolorida: Ante un estímulo leve (como un roce accidental), algunos perros presentan un temblor muy breve en los músculos peribucales, reacción que normalmente pasa desapercibida si no se observa con atención.
- Sonrisa tensa o “mueca” involuntaria: Aunque no es una sonrisa en sentido humano, ciertos perros tensan los labios hacia atrás de forma discreta cuando sienten dolor agudo. La expresión dura pocos segundos y se repite ante estímulos orales.
Indicadores de dolor al morder juguetes o croquetas específicas
La evaluación del dolor dental mediante la observación del comportamiento alimentario y lúdico constituye una herramienta diagnóstica clave en clínica veterinaria. Cuando un perro enfrenta inflamación pulpar, fracturas coronales, caries, enfermedad periodontal o lesiones en la mucosa oral, ciertos patrones de rechazo, selección o manipulación de objetos duros y semiduros emergen como señales de alerta altamente reveladoras.
- Selección anómala de un solo lado para morder: El perro tiende a emplear exclusivamente un sector de la boca para ejercer presión sobre juguetes o croquetas duras. Esta lateralización marcada no responde a preferencias naturales, sino a un intento de evitar la estimulación dolorosa en la pieza afectada. Al analizar la interacción, se aprecia un patrón constante y repetitivo: siempre utiliza el mismo lado sano.
- Interrupción súbita del acto de masticar: Un signo muy característico del dolor agudo aparece cuando el perro inicia la mordida, pero la detiene de forma abrupta, muchas veces dejando caer el objeto o expulsando la croqueta. Este reflejo indica una respuesta inmediata frente a la estimulación directa del nervio dental o de los tejidos inflamados.
- Disminución progresiva del interés por juguetes duros: Los perros con dolor oral pierden motivación para interactuar con cuerdas, pelotas densas, huesos prensados o juguetes de caucho. A diferencia del rechazo por aburrimiento, esta falta de interés suele ir acompañada de observación cautelosa del objeto, aproximaciones incompletas y retrocesos breves, signos propios de una conducta preventiva ante el dolor.
- Masticación incompleta o deformada: En lugar de triturar una croqueta con el patrón de cierre mandibular habitual, el perro realiza movimientos incompletos o irregulares. Puede generar una presión insuficiente, mover la mandíbula en un ángulo extraño o limitar el recorrido masticatorio. Estos microajustes buscan minimizar la fricción sobre las zonas inflamadas.'ق
- Aumento del tiempo necesario para consumir la ración: Un perro con dolor dental tarda más en finalizar su comida, especialmente cuando las croquetas presentan dureza estándar. No existe pérdida de apetito como tal, sino un esfuerzo por ingerir con suavidad. En muchos casos alternan entre tragar croquetas sin masticar o romperlas muy lentamente.
- Expresión facial tensa durante la mordida: Los microgestos faciales fruncimiento leve del hocico, cierre ocular parcial, retracción fugaz de los labios o tensión perioral suelen aparecer cuando el perro muerde un punto que genera dolor. Estas expresiones son breves pero repetitivas ante cada intento de aplicar presión sobre la pieza dañada.
- Sacudidas rápidas de la cabeza tras morder objetos duros: Después de ejercer presión sobre un juguete resistente, algunos perros sacuden la cabeza como si intentaran “liberarse” de la molestia causada por el impacto de la mordida. Este gesto no está motivado por juego, sino por una reacción refleja al dolor incisivo.
- Rechazo selectivo de croquetas de mayor densidad: Cuando se ofrece una mezcla de croquetas blandas y duras, los perros con dolor dental suelen ingerir únicamente las más suaves. Este patrón discriminatorio constituye un indicador especialmente concluyente, ya que revela sensibilidad focalizada a la presión.
- Lamer repetidamente el juguete en lugar de morderlo: Muchos perros sustituyen la mordida por lamidos prolongados al interactuar con objetos favoritos. Este cambio funcional tiene como objetivo evitar el contacto directo entre la zona dolorida y superficies duras, manteniendo al mismo tiempo un tipo de interacción “segura”.
- Goteo salival puntual al hacer contacto con zonas doloridas: En ciertos casos, al intentar morder una croqueta o una superficie sólida, se produce un pequeño incremento inmediato en la salivación. Este fenómeno suele asociarse a dolor súbito provocado por el impacto directo en el punto inflamado.
Síntomas físicos específicos del dolor de muelas y cómo distinguirlos de otros problemas

El dolor de raíz dental en los perros se manifiesta frecuentemente con hinchazón visible en la cara, especialmente debajo del ojo o a lo largo de la mandíbula. Este signo es típico de un absceso en la base de la muela, donde la infección provoca inflamación localizada. A diferencia de la hinchazón por un golpe traumático, la tumefacción odontogénica suele estar acompañada de encías rojas, exudado o incluso una fístula que drena pus.
Otra señal física reveladora es el aumento notable de la salivación (sialorrea), ya que el dolor oral estimula la producción salival. Los perros pueden babear más y dejar restos de saliva pegajosa alrededor del hocico o en sus objetos. Además, la halitosis intensa (mal aliento) es un indicador frecuente de infecciones profundas, como periodontitis o abscesos radiculares, y no debe confundirse con aliento leve pasajero.
También es común que los perros afectados eviten masticar con un lado, presenten dientes quebrados o descoloridos, y muestren heridas visibles en la encía. Estos signos apuntan a daño estructural o infección activa, no a problemas menores como sarro superficial. En casos avanzados, el dolor puede generar fiebre o letargo, lo que sugiere una respuesta sistémica más grave.
El sangrado de encías espontáneo o tras mínimo contacto, así como la presencia de heridas purulentas en la zona facial, son manifestaciones físicas que permiten diferenciar un dolor dental significativo de otras patologías menos invasivas. El examen veterinario, incluyendo radiografías dentales, es esencial para confirmar el diagnóstico y descartar otras causas como trauma o tumores.
Diferencias entre dolor de muela, dolor de encías y dolor mandibular
El dolor de muela en perros suele originarse en la pulpa dental o en la raíz del diente y se manifiesta con síntomas como rechazo a masticar, favorecer un lado de la boca, salivación excesiva o inflamación localizada de la cara. Por ejemplo, cuando se forma un absceso en la raíz de un premolar superior, puede observarse una hinchazón debajo del ojo o deformación de la mejilla, lo cual es característico de esta condición y no aparece en problemas gingivales simples.
En cambio, el dolor de encías (gingivitis o periodontitis) se centra en los tejidos de soporte del diente y se acompaña de signos como enrojecimiento de las encías, sangrado al tacto, mal aliento persistente y acumulación de sarro o placa. A diferencia del dolor de raíz, el perro puede seguir comiendo con dificultad pero sin evidencias de hinchazón facial aguda. El manual MSD–Vet Manual expone que esta inflamación del periodonto causa malestar y es una de las principales razones de pérdida dental en perros.
El dolor mandibular, por su parte, afecta la articulación temporomandibular o los músculos de la masticación más que el diente o la encía en sí. Este tipo de dolor puede presentarse como dificultad para abrir la boca, ruidos articulares al masticar o rigidez matinal, y muchas veces se confunde con dolor de muela. No obstante, mientras que el dolor de muela y el de encías se vinculan directamente con estructuras dentales, el dolor mandibular se refleja en un patrón diferente: mayor resistencia al abrir la boca, cambio en la relación mordida y, en ocasiones, signos de estrés o evitación de alimento duro sin que haya hinchazón localizada o placa evidente.
En la práctica clínica, distinguir entre estos tres tipos de dolor es clave para definir el tratamiento adecuado. Un absceso de muela requiere radiografías dentales y a menudo extracción o tratamiento endodóntico; la gingivitis se aborda con limpieza dental y control de placa; y el dolor mandibular necesita evaluación articular y muscular, a menudo asociado a trauma u otras patologías ortopédicas o neurológicas.
Señales en el aliento, saliva y color dental que apuntan a infección del diente

Señales en el aliento, la saliva y el color dental que indican una posible infección dental en perros
Cuando un perro padece una infección en la raíz o en la corona de un diente, pueden manifestarse cambios clínicos reconocibles en su aliento, en su producción de saliva y en la coloración de sus piezas dentales. Estos indicadores son fundamentales porque muchas veces el dolor no es evidente para el propietario.
- Aliento (halitosis): El mal olor bucal persistente es uno de los primeros signos de infección dental. La acumulación de bacterias anaeróbicas en placa y sarro produce compuestos sulfurados (como el sulfuro de hidrógeno), que dan lugar a un aliento fétido notable. Cuando el mal aliento va acompañado de otros síntomas como hinchazón facial o dolor al morder, puede estar indicando una infección profunda, como un absceso radicular.
- Saliva (sialorrea): Una infección dental puede estimular una producción excesiva de saliva. Los perros con abscesos o inflamaciones de encías tienden a babear más de lo habitual, ya que la irritación activa las glándulas salivales. Este exceso de saliva, junto con un mal olor constante, es una señal potente de que hay un proceso infeccioso detrás.
- Color dental: La decoloración de un diente (amarillo, marrón o incluso gris) puede indicar acumulación de placa, sarro o daño estructural. En infecciones graves, la raíz puede verse afectada, lo que cambia la apariencia externa del diente y puede reflejar necrosis pulpar.
Además, la presencia de sarro duradero, especialmente si tiene una tonalidad marrón intenso o está adherido firmemente por debajo de la encía, sugiere una infección crónica de larga evolución. En casos avanzados, la placa bacteriana acumulada puede provocar inflamación gingival, formación de pus y hasta un absceso en la base del diente.
La combinación de un aliento persistentemente fétido, aumento de la salivación y color dental anómalo conforma un fuerte conjunto de señales que debe alertar al propietario sobre la posibilidad de una infección dental. Estos síntomas, aunque pueden aparecer de forma gradual, no deben ignorarse: requieren una evaluación veterinaria, idealmente con radiografías dentales, para determinar si existe un absceso, daño de raíz o enfermedad periodontal avanzada.
Identificación del lado afectado: hinchazón, drenaje o asimetría facial
Reconocer de qué lado proviene el dolor dental en un perro exige observar con atención ciertos cambios externos en la cara y la zona oral. Cuando existe una infección radicular, un absceso o una inflamación intensa en un diente específico, los tejidos blandos vecinos reaccionan de manera visible. La hinchazón unilateral, la presencia de un drenaje purulento y la pérdida de simetría facial son algunos de los indicadores más fiables para localizar el diente comprometido.
En las fases iniciales, el animal puede mostrar edema leve bajo un ojo, en el labio superior o en la mejilla, especialmente cuando el problema involucra premolares o molares maxilares. Si la infección progresa, la inflamación se vuelve más evidente y firme al tacto, generando una desviación aparente de la línea facial. En casos de abscesos avanzados, puede aparecer un trayecto fistuloso que libera secreción purulenta hacia la piel o hacia la cavidad oral; este drenaje suele localizarse exactamente sobre la raíz del diente afectado, facilitando la identificación del lado comprometido.
La asimetría facial es otro signo clave. Los perros con dolor dental tienden a elevar ligeramente un lado del labio, evitar el contacto en un hemicara o mantener el hocico desviado. Esta asimetría no solo proviene de la inflamación externa, sino también de la reacción muscular defensiva ante el dolor. Cuando un perro mastica solo por un lado, la musculatura contralateral puede volverse más tensa y modificar el equilibrio facial, ofreciendo una pista visual adicional.
Es común que el veterinario confirme estas observaciones mediante palpación suave de las zonas faciales. Los perros con abscesos radiculares suelen retirarse, gemir o tensar la cabeza cuando se presiona el lado afectado, lo que ayuda a localizar la región exacta del problema. Aunque estos signos externos son altamente orientativos, la confirmación definitiva requiere radiografías dentales intraorales.
Factores que predisponen a los perros al dolor de muelas y cómo reconocerlos a tiempo

1. Higiene oral deficiente (acumulación de placa y sarro).
La placa bacteriana favorece gingivitis y progresión a periodontitis, causa principal de dolor dental. Reconocimiento: halitosis persistente, depósito visible marrón-amarillento en el cuello dental, encías enrojecidas y sangrado al tocar.
2. Tamaño de raza y conformación dental (razas pequeñas, braquicéfalos, apiñamiento).
Las razas toy y braquicéfalas presentan apiñamiento y mayor riesgo de acumular placa. Reconocimiento: inicio precoz de sarro, dientes superpuestos, dificultad para cepillado, signos de incomodidad al morder.
3. Dientes deciduos persistentes y maloclusión.
La persistencia de dientes de leche provoca malposición y focos de retención de alimentos. Reconocimiento: dos filas dentarias en cachorro, desplazamiento de dientes definitivos, aparición temprana de inflamación interdental.
4. Trauma dental y fracturas (masticación de objetos duros, golpes).
Las fracturas coronales que exponen la pulpa conducen a pulpitis y endodonitis. Reconocimiento: cambio súbito en la manera de masticar, sensibilidad al morder juguetes duros, diente oscurecido o fracturado.
5. Edad avanzada.
Con el tiempo aumenta la incidencia de enfermedad periodontal y desgaste dental. Reconocimiento: progresión gradual de pérdida de soporte dental, aumento de movilidad dental, mayor tiempo requerido para comer.
6. Dieta y comportamiento de masticación (textura del alimento, acceso a objetos inadecuados).
Dietas exclusivamente blandas y el hábito de roer objetos muy duros incrementan riesgo de caries o fractura, respectivamente. Reconocimiento: preferencia por alimentos blandos, miradas de evasión al ofrecer croquetas duras, piezas con desgaste anómalo.
7. Infecciones endodónticas y microbioma pulpar.
Dientes no vitales o expuestos desarrollan colonización microbiana que evoluciona a abscesos. Reconocimiento: dolor localizado, fístulas orofaciales, exudado purulento y decoloración dental.
8. Enfermedades sistémicas y estado inmunitario (p. ej. diabetes, enfermedad renal avanzada).
Alteraciones sistémicas modulan la respuesta inflamatoria y la cicatrización, facilitando infecciones orales severas. Reconocimiento: signos orales que empeoran pese a higiene adecuada; malestar general concomitante.
9. Falta de controles veterinarios y profilaxis dentales periódicas.
La ausencia de chequeos y limpiezas bajo anestesia permite la progresión silenciosa de lesiones dolorosas. Reconocimiento: historial sin limpiezas profesionales, hallazgos avanzados en primera exploración.
10. Sobrepeso y factores de manejo asociados.
El sobrepeso se asocia con menor higiene auto-conductual y mayor riesgo de comorbilidades que agravan procesos infecciosos. Reconocimiento: BCS alto, menor actividad de masticación natural y progresión más rápida de lesiones periodontales.
Recomendaciones prácticas para detección temprana
- Inspección visual semanal de la boca y aliento.
- Observar lateralización al masticar y preferencia por comida blanda.
- Programar chequeos dentales anuales y limpiezas profesionales según riesgo.
- Extraer dientes deciduos persistentes en cachorros para evitar maloclusión.
- Evitar juguetes excesivamente duros y supervisar hábitos de masticación.