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Se pesa a un gato para comprobar si tiene obesidad.

Obesidad en los gatos: una amenaza silenciosa y progresiva

La obesidad en los gatos no aparece de un día para otro, ni suele ser evidente al principio. Se desarrolla de forma silenciosa, alterando el metabolismo, sobrecargando órganos vitales y aumentando de forma significativa el riesgo de diabetes, enfermedades articulares y trastornos hepáticos. Muchos tutores no perciben el problema hasta que los síntomas ya afectan la calidad de vida del animal. Comprender cómo se origina esta condición y por qué es tan peligrosa es el primer paso para prevenir daños irreversibles y proteger la salud del gato a largo plazo.

¿Qué es la obesidad en los gatos?

Un gato que recibe una recompensa aumenta el riesgo de obesidad.

La obesidad en los gatos es una condición clínica caracterizada por la acumulación excesiva de grasa corporal que supera las necesidades fisiológicas normales del animal. Desde el punto de vista veterinario, se considera que un gato es obeso cuando su peso corporal excede en más del 20 % el peso ideal estimado para su tamaño, raza y conformación. Esta definición no se basa únicamente en la báscula, sino en la evaluación del índice de condición corporal (BCS), una herramienta estandarizada que valora visual y táctilmente la distribución de la grasa subcutánea y abdominal.

A nivel fisiológico, la obesidad felina implica un desequilibrio energético sostenido, donde la ingesta calórica supera el gasto metabólico diario. Este exceso de tejido adiposo no es inerte. Por el contrario, actúa como un órgano endocrino activo que libera mediadores inflamatorios y altera la regulación hormonal. Como resultado, el sobrepeso en gatos se asocia con resistencia a la insulina, sobrecarga articular, alteraciones hepáticas y mayor riesgo de enfermedad renal crónica.

Reconocer qué es la obesidad en los gatos permite intervenir de forma temprana, antes de que el exceso de peso comprometa de manera irreversible su salud y esperanza de vida.

¿Cuándo se considera obeso un gato?

Un gato se considera obeso cuando presenta una acumulación excesiva de tejido adiposo que supera claramente las necesidades fisiológicas normales y compromete su salud general.

En medicina veterinaria, el criterio más aceptado para definir la obesidad felina es el Índice de Condición Corporal o Body Condition Score (BCS). Este sistema evalúa visual y palpatoriamente la cantidad de grasa corporal en una escala de 1 a 9. Un gato es clasificado como obeso cuando alcanza un BCS de 8 o 9, lo que equivale aproximadamente a un exceso de peso superior al 20–30 % respecto a su peso corporal ideal.

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Desde el punto de vista clínico, un gato obeso muestra costillas difíciles o imposibles de palpar, ausencia de cintura visible desde arriba y un marcado depósito de grasa abdominal. Además, suele observarse grasa acumulada en la base de la cola, el cuello y la región lumbar. Según lo descrito por Tarkosova et al., esta condición no es solo un problema estético, sino una enfermedad metabólica crónica asociada a inflamación sistémica de bajo grado, alteraciones hormonales y mayor riesgo de diabetes mellitus, enfermedad hepática y trastornos articulares.

Investigaciones más recientes también señalan que algunos gatos pueden presentar obesidad visceral incluso antes de alcanzar pesos extremos, lo que refuerza la importancia de evaluar la composición corporal y no solo el peso en la báscula. Por ello, un gato se considera obeso cuando el exceso de grasa es clínicamente evidente y sostenido, y cuando dicho exceso supone un riesgo demostrado para su bienestar y longevidad.

¿Por qué mi gato está gordo?

Los gatos obesos reciben evaluación clínica
  • Exceso calórico diario: un gato adulto necesita en promedio 40–45 kcal/kg/día; superar este rango provoca ganancia de grasa progresiva.
  • Sedentarismo doméstico: gatos exclusivamente de interior reducen su gasto energético hasta un 30–40 % frente a gatos activos.
  • Alimentación ad libitum: dejar comida siempre disponible se asocia a un riesgo de obesidad 2 veces mayor que la ración controlada.
  • Dietas altas en carbohidratos: muchos piensos secos superan el 35–45 % de carbohidratos, favoreciendo el almacenamiento de grasa.
  • Edad media y avanzada: a partir de los 7–8 años el metabolismo basal disminuye, aumentando la propensión al sobrepeso.
  • Esterilización: tras la castración, las necesidades energéticas pueden caer hasta un 20–30 % si no se ajusta la dieta.
  • Predisposición genética y sexo: machos castrados y razas como British Shorthair muestran mayor prevalencia de obesidad.

mi gato está gordo y no come mucho

Que mi gato esté gordo y no coma mucho es una situación frecuente y, en apariencia, contradictoria. En muchos gatos con sobrepeso, el problema no es la cantidad visible de comida, sino el desequilibrio entre ingesta y gasto energético.

Tras la esterilización o con la edad, el metabolismo felino puede reducirse hasta un 30 %, por lo que raciones normales se vuelven excesivas. Además, los piensos secos concentrados aportan muchas calorías en poco volumen. A esto se suma el sedentarismo doméstico, que limita la quema de grasa. El resultado es acumulación progresiva de tejido adiposo, incluso comiendo “poco” a simple vista.

mi gato está gordo pero come poco

Cuando un tutor afirma que mi gato está gordo pero come poco, el problema suele estar en el metabolismo y no en la cantidad visible de comida.

En gatos domésticos, especialmente esterilizados y de vida interior, el gasto energético diario disminuye de forma significativa. Estudios veterinarios demuestran que, tras la esterilización, las necesidades calóricas pueden reducirse entre un 20 % y un 30 %, mientras que la eficiencia metabólica aumenta, favoreciendo la acumulación de grasa corporal.

Además, muchos piensos comerciales, incluso en raciones pequeñas, tienen una alta densidad energética, lo que significa que pocas croquetas aportan más calorías de las que el gato necesita. A esto se suma la pérdida progresiva de masa muscular con la edad, lo que reduce aún más el consumo energético basal. Por tanto, aunque el gato no coma “mucho” a simple vista, su organismo puede estar almacenando energía en forma de grasa.

También influyen factores hormonales y conductuales.

El sedentarismo, la falta de juego diario y el acceso continuo al alimento alteran la autorregulación del apetito. En este contexto, el sobrepeso felino es un desequilibrio crónico entre ingesta y gasto, no una simple cuestión de cantidad de comida ofrecida.

¿Qué pasa si un gato es obeso?

Un veterinario realiza una evaluación clínica de un gato para detectar obesidad.

Cuando un gato es obeso, no se trata solo de una cuestión estética, sino de un problema médico crónico con impacto sistémico. El exceso de tejido adiposo actúa como un órgano metabólico activo que libera citocinas proinflamatorias, favoreciendo un estado de inflamación de bajo grado persistente.

Esta condición altera el metabolismo de la glucosa y aumenta de forma significativa el riesgo de diabetes mellitus tipo 2 felina, especialmente en gatos adultos y de interior. Además, la obesidad incrementa la carga mecánica sobre articulaciones y columna vertebral, lo que acelera la aparición de osteoartritis, reduce la movilidad y disminuye la tolerancia al ejercicio.

A nivel hepático, un gato obeso tiene mayor predisposición a desarrollar lipidosis hepática, una enfermedad potencialmente mortal cuando el animal reduce bruscamente la ingesta.

También se ha documentado un impacto negativo sobre la función respiratoria, la salud urinaria y la esperanza de vida.

Gatos con obesidad moderada a severa presentan una reducción demostrada de longevidad y peor calidad de vida, incluso sin enfermedades evidentes al inicio. En conjunto, la obesidad felina compromete múltiples sistemas y requiere abordaje nutricional y ambiental temprano para evitar daños irreversibles.

problemas de salud en gatos obesos

  • Diabetes mellitus tipo 2 felina: El exceso de grasa corporal induce resistencia a la insulina y altera el metabolismo de la glucosa. Como resultado, aumenta de forma significativa el riesgo de diabetes, especialmente en gatos adultos sedentarios.
  • Osteoartritis y dolor musculoesquelético: El sobrepeso incrementa la carga mecánica sobre articulaciones y columna. Esto acelera el desgaste del cartílago, provoca dolor crónico y reduce la movilidad diaria.
  • Lipidosis hepática felina: Los gatos obesos son más vulnerables a esta enfermedad grave si dejan de comer repentinamente. La acumulación de grasa en el hígado puede comprometer la función hepática rápidamente.
  • Enfermedades del tracto urinario inferior: La obesidad se asocia con menor actividad física y menor consumo de agua. Estas condiciones favorecen cistitis idiopática y formación de cristales urinarios.
  • Problemas respiratorios: El tejido adiposo excesivo limita la expansión torácica. Esto reduce la eficiencia respiratoria, sobre todo durante el ejercicio o el estrés térmico.
  • Alteraciones cardiovasculares y metabólicas: La obesidad genera inflamación sistémica de bajo grado. Esta situación afecta la función vascular y puede alterar la presión arterial.
  • Disminución de la esperanza y calidad de vida: Estudios poblacionales muestran que los gatos obesos viven menos años. Además, presentan menor bienestar general y mayor dependencia del entorno.

enfermedades por obesidad en gatos

Se pesa a un gato para comprobar si tiene obesidad.

En primer lugar, la lipidosis hepática felina se considera la complicación más grave, ya que puede ser potencialmente mortal si el gato obeso deja de comer de forma brusca. A continuación, la diabetes mellitus tipo 2 representa un riesgo elevado, debido a la resistencia a la insulina inducida por el exceso de tejido adiposo.

En un tercer nivel se sitúan las enfermedades osteoarticulares, como la artrosis, que generan dolor crónico y reducen de forma progresiva la movilidad. Posteriormente, destacan los trastornos del tracto urinario inferior, favorecidos por el sedentarismo y la menor ingesta de agua. En un grado moderado de riesgo aparecen los problemas respiratorios y cardiovasculares, asociados a la inflamación sistémica y a la sobrecarga metabólica.

Finalmente, aunque menos evidentes, la disminución de la esperanza de vida y del bienestar general constituye una consecuencia global y acumulativa de la obesidad felina, ampliamente documentada en la literatura veterinaria.

¿Cómo ayudar a un gato obeso?

Ayudar a un gato obeso requiere un enfoque gradual, constante y basado en evidencia científica. En primer lugar, es fundamental confirmar la obesidad real mediante el índice de condición corporal, ya que un exceso superior al 20 % del peso ideal ya se considera clínicamente obeso.

A partir de ahí, el objetivo no es “hacerlo adelgazar rápido”, sino reducir grasa sin comprometer músculo ni salud metabólica.

Ajuste nutricional progresivo y controlado

La base del tratamiento es una dieta hipocalórica específica para gatos, rica en proteínas de alta calidad y moderada en grasas. Estas dietas ayudan a preservar la masa muscular mientras reducen el tejido adiposo. Además, aumentar el contenido de fibra mejora la saciedad y reduce la ansiedad por comida.

Es importante pesar las raciones con precisión; incluso pequeños excesos diarios impiden la pérdida de peso.

Estimulación física y mental diaria

Paralelamente, se debe incrementar la actividad física mediante juegos cortos pero frecuentes, adaptados a la edad y condición del gato. El movimiento favorece el gasto energético y mejora la sensibilidad a la insulina. Asimismo, el enriquecimiento ambiental reduce el sedentarismo asociado a la obesidad.

Seguimiento y ritmo seguro de adelgazamiento

La pérdida de peso recomendada es lenta, alrededor del 0,5–1 % del peso corporal por semana, para evitar lipidosis hepática. Por ello, el seguimiento veterinario periódico resulta clave para ajustar la dieta y evaluar la respuesta del organismo.

cómo hacer bajar de peso a un gato

Un gato con sobrepeso que sufre de letargo y falta de movimiento.

Evaluación veterinaria y diagnóstico previo

Antes de iniciar cualquier plan para que un gato baje de peso, es imprescindible confirmar que realmente existe obesidad y descartar enfermedades subyacentes. El veterinario evalúa el Body Condition Score (BCS) y determina el peso ideal, además de descartar hipotiroidismo, diabetes mellitus u otros trastornos metabólicos. Esta fase es clave, ya que una pérdida de peso mal planificada puede provocar lipidosis hepática felina, una enfermedad grave y potencialmente mortal.

Ajuste nutricional controlado y progresivo

La base del adelgazamiento felino es una restricción calórica moderada, nunca drástica. Se recomienda utilizar dietas veterinarias específicas para pérdida de peso, ricas en proteínas de alta calidad y con densidad energética reducida. Estas dietas ayudan a preservar la masa muscular mientras se moviliza la grasa corporal. La reducción calórica suele situarse entre un diez y un veinte por ciento de las necesidades energéticas calculadas para el peso ideal, siempre bajo supervisión profesional.

Actividad física y enriquecimiento ambiental

El aumento del gasto energético debe lograrse mediante juego diario estructurado, no forzando al gato. Juguetes interactivos, comederos tipo puzzle y rutinas de caza simulada estimulan el movimiento y reducen el sedentarismo. Además, el enriquecimiento ambiental disminuye el estrés, un factor que favorece el sobrepeso en gatos de interior.

La pérdida de peso segura es lenta, con una reducción aproximada del uno por ciento del peso corporal por semana.

Cómo ayudar a mi gato a bajar de peso paso a paso

  1. Confirmar el sobrepeso con un veterinario: El primer paso consiste en una evaluación clínica completa. El veterinario utiliza el Body Condition Score (BCS) y compara el peso actual con el peso ideal según edad, raza y estructura corporal. Además, descarta enfermedades asociadas al aumento de peso, como diabetes mellitus, hipotiroidismo o trastornos hormonales. Esta evaluación es esencial para evitar errores graves durante el adelgazamiento.
  2. Definir un objetivo de peso realista y seguro: La pérdida de peso en gatos debe ser lenta y controlada. Generalmente se recomienda una reducción aproximada del 0,5–1 % del peso corporal por semana. Ritmos más rápidos aumentan el riesgo de lipidosis hepática felina, una patología grave causada por ayunos o restricciones calóricas excesivas.
  3. Ajustar la alimentación de forma progresiva: No se debe “quitar comida” de forma brusca. Lo correcto es calcular las calorías diarias necesarias para el peso ideal, no para el peso actual. Se aconseja utilizar dietas veterinarias específicas para control de peso, con alto contenido proteico, bajo aporte energético y niveles adecuados de fibra para favorecer la saciedad. Las raciones deben pesarse con báscula, no estimarse a ojo.
  4. Eliminar premios calóricos y restos de comida humana: Los snacks comerciales, restos de mesa y alimentos ricos en grasa o carbohidratos dificultan cualquier plan de adelgazamiento. Si se usan premios, deben formar parte del cálculo calórico diario o sustituirse por pequeñas porciones del propio alimento dietético del gato.
  5. Aumentar la actividad física mediante juego diario: El ejercicio debe adaptarse al comportamiento felino. Juegos cortos y frecuentes, simulando la caza, resultan más eficaces que sesiones largas. Juguetes interactivos, cañas, pelotas y comederos tipo rompecabezas incrementan el movimiento sin generar estrés. El objetivo es aumentar el gasto energético diario de forma natural.
  6. Mejorar el enriquecimiento ambiental: Un entorno pobre favorece el sedentarismo y la sobrealimentación. Añadir rascadores, plataformas en altura, escondites y rutas verticales estimula el movimiento espontáneo. Esto resulta especialmente importante en gatos que viven exclusivamente en interiores.
  7. Controlar el peso de forma regular: El peso debe revisarse cada dos o cuatro semanas. Si no hay pérdida o esta es excesiva, el plan debe ajustarse. El seguimiento continuo permite corregir errores a tiempo y mantener la motivación del tutor.
  8. Mantener el plan a largo plazo: Una vez alcanzado el peso ideal, se debe pasar a una fase de mantenimiento controlado. Volver a los hábitos anteriores provoca el llamado “efecto rebote”. La constancia es clave para que el gato mantenga un peso saludable durante toda su vida.

¿Cómo prevenir la obesidad en los gatos de forma eficaz y segura?

Un gato recuperándose de la obesidad y ganando algo de agilidad y fuerza.

Prevenir la obesidad en los gatos requiere actuar antes de que el aumento de peso sea evidente, ya que esta condición se desarrolla de forma progresiva y silenciosa.

En primer lugar, resulta fundamental ofrecer una alimentación adaptada a la edad, nivel de actividad y estado fisiológico del gato. Las raciones deben calcularse en función de las necesidades energéticas reales, evitando el acceso libre continuo al alimento, especialmente en gatos de interior. Además, controlar las calorías diarias desde edades tempranas reduce de forma significativa el riesgo de sobrepeso en la vida adulta.

Por otro lado, el control del peso corporal debe realizarse de manera periódica. Pesar al gato una vez al mes y evaluar su condición corporal permite detectar cambios mínimos antes de que se conviertan en un problema clínico. Un gato sano debe presentar una cintura visible y costillas palpables sin exceso de grasa. Esta vigilancia temprana es una de las estrategias preventivas más eficaces.

Asimismo, la estimulación física y mental desempeña un papel clave. El juego diario, distribuido en varias sesiones cortas, favorece el gasto energético y respeta el comportamiento natural de caza.

El enriquecimiento ambiental, con rascadores, zonas elevadas y juguetes interactivos, ayuda a reducir el sedentarismo asociado a la vida doméstica.

Finalmente, es importante evitar el uso frecuente de premios calóricos y restos de comida humana, ya que alteran el equilibrio nutricional.

La prevención de la obesidad felina no depende de medidas extremas, sino de hábitos constantes, controlados y sostenidos en el tiempo, siempre con asesoramiento veterinario cuando sea necesario.

¿Cómo saber si mi gato tiene sobrepeso?

Un gato se considera con sobrepeso cuando su peso corporal supera entre un 10 % y un 20 % su peso ideal, y es obeso cuando excede el 20 %, según criterios veterinarios estandarizados. Estudios epidemiológicos indican que entre el 35 % y el 45 % de los gatos domésticos adultos en Europa y Norteamérica presentan sobrepeso u obesidad, evaluado mediante el Índice de Condición Corporal (BCS ≥ 6/9).

cómo saber si mi gato está gordo

determinar si un gato está gordo cuando las costillas no se palpan fácilmente y se observa grasa abdominal persistente. Clínicamente, un Índice de Condición Corporal igual o superior a 6 sobre 9 indica sobrepeso u obesidad felina.

¿Es normal que un gato esté gordo?

No, no es normal que un gato esté gordo, aunque sea frecuente en gatos domésticos. Desde el punto de vista veterinario, el exceso de grasa corporal no forma parte de la fisiología normal felina. Un gato sano mantiene un equilibrio entre ingesta energética y gasto metabólico, incluso en edades avanzadas.

Cuando ese equilibrio se rompe de forma crónica, aparece el sobrepeso u obesidad, considerados trastornos nutricionales y metabólicos, no características naturales.

Diversos estudios confirman que los gatos domésticos tienen una alta predisposición a ganar peso debido al sedentarismo, la alimentación ad libitum y la castración. Sin embargo, esta predisposición no implica normalidad biológica, sino un riesgo clínico evitable.

A partir de un Índice de Condición Corporal (BCS) ≥ 6/9, el exceso de grasa comienza a alterar funciones hormonales, articulares y metabólicas. Además, la obesidad felina se asocia con resistencia a la insulina, inflamación sistémica y reducción de la esperanza de vida.

Desde una perspectiva evolutiva, el gato es un carnívoro estricto adaptado a cazar presas pequeñas varias veces al día.

Su organismo no está diseñado para acumular grandes reservas adiposas de forma permanente. Por ello, aunque muchos tutores perciban un gato “rellenito” como normal o estético, clínicamente no lo es. Reconocer esta diferencia resulta clave para prevenir enfermedades crónicas silenciosas y preservar la calidad de vida felina.

¿Un gato gordo puede adelgazar?

Sí. Un gato obeso puede adelgazar de forma segura si la pérdida de peso es gradual y controlada.

Los estudios clínicos en nutrición felina indican que la tasa segura de adelgazamiento es del 0,5 al 1 % del peso corporal por semana, lo que reduce significativamente el riesgo de lipidosis hepática felina, una complicación potencialmente mortal.

Además, se ha demostrado que una reducción del 5–10 % del peso corporal total mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye la carga articular y optimiza la función metabólica en gatos con sobrepeso u obesidad.

¿Cuántos años vive un gato obeso?

Un gato obeso vive, de media, entre 2 y 4 años menos que un gato con peso corporal adecuado.

Los estudios epidemiológicos en medicina felina indican que la obesidad reduce la esperanza de vida aproximada de 15 a 18 años a unos 10–13 años, dependiendo de la gravedad del exceso de grasa y de las enfermedades asociadas.

Desde el punto de vista clínico, el sobrepeso felino incrementa de forma significativa el riesgo de diabetes mellitus tipo 2, lipidosis hepática, osteoartritis, enfermedades urinarias y trastornos cardiovasculares, patologías que impactan directamente en la longevidad.

Asimismo, se ha observado que los gatos obesos presentan menor supervivencia a largo plazo, incluso cuando reciben atención veterinaria regular, debido a una inflamación crónica de bajo grado y alteraciones metabólicas persistentes.

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Cómo saber si mi gato realmente tiene obesidad - You For Animal says December 26, 2025

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