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[…] Colitis eosinofílica en perros: dieta y alimentos que agravan la inflamación […]
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La dieta es un factor determinante en la evolución de la colitis eosinofílica canina. Investigaciones recientes muestran que proteínas animales comunes, como el pollo o la ternera, pueden inducir reacciones inmunomediadas en hasta un 40 % de los perros afectados.
Del mismo modo, ciertos carbohidratos refinados y grasas oxidadas intensifican la inflamación del colon. Comprender qué componentes dietéticos exacerban esta respuesta eosinofílica permite diseñar planes nutricionales específicos que reduzcan la irritación intestinal y favorezcan la recuperación mucosa a largo plazo.

La colitis eosinofílica canina se caracteriza por una infiltración anormal de eosinófilos en la mucosa del colon, vinculada con reacciones inmunológicas alimentarias, parasitosis crónicas y alteraciones de la barrera intestinal. Este tipo de inflamación provoca diarrea mucosa, pérdida de peso, tenesmo y una mala absorción progresiva de nutrientes.
Según Sattasathuchana y Steiner (2014), los trastornos gastrointestinales eosinofílicos en perros requieren un manejo dietético especial que reduzca la exposición a antígenos alimentarios y module la respuesta inmunitaria local. Por ello, se recomiendan dietas hipoalergénicas basadas en proteínas hidrolizadas o fuentes novedosas (como el pato, venado o pescado blanco), acompañadas de grasas de fácil digestión y carbohidratos limitados.
Asimismo, los autores destacan que el soporte nutricional debe incluir prebióticos, probióticos y ácidos grasos omega-3, capaces de restablecer la microbiota y disminuir la inflamación colónica. En algunos casos, la respuesta clínica mejora notablemente en 2 a 4 semanas tras la implementación de una dieta de eliminación estricta y monitorizada.
La colitis eosinofílica altera la absorción intestinal debido al daño inflamatorio sostenido sobre la mucosa y la pérdida de integridad epitelial. Este proceso reduce la capacidad del colon para absorber agua, sodio y ácidos grasos de cadena corta, esenciales para la salud intestinal. Según Simpson (1998), la respuesta inmunitaria a antígenos luminales frecuentemente de origen dietético o parasitario desempeña un papel determinante en la persistencia de la inflamación.
La disbiosis resultante favorece la fermentación anómala y el desequilibrio osmótico, generando heces blandas y malabsorción proteica. En consecuencia, los perros con colitis eosinofílica suelen presentar pérdida de peso, hipoalbuminemia y déficit de ácidos grasos poliinsaturados.

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Simpson destaca que las dietas con proteínas novedosas o hidrolizadas, combinadas con fibra fermentable y ácidos grasos ω-3, pueden restaurar gradualmente la función colónica y reducir la infiltración eosinofílica, logrando remisiones prolongadas sin necesidad de fármacos inmunosupresores.

La colitis eosinofílica canina se asocia estrechamente con una respuesta inmunitaria anómala frente a proteínas dietéticas comunes. Cuando el intestino detecta ciertos antígenos alimentarios como pollo, res o trigo, el sistema inmune activa eosinófilos que liberan mediadores inflamatorios, causando lesiones en la mucosa.
Como resultado, se altera la permeabilidad intestinal y se facilita el paso de más antígenos, agravando el ciclo inflamatorio. Además, la flora intestinal sufre desequilibrios (disbiosis), lo que incrementa la sensibilidad frente a otros nutrientes. Por otro lado, la exposición repetida a proteínas no digeridas refuerza la hipersensibilidad celular.
Con el tiempo, el colon pierde su capacidad de absorción y defensa, generando diarrea, sangre en las heces y pérdida de peso. Así, la dieta no es solo un desencadenante, sino también un modulador esencial del proceso inflamatorio y de la recuperación intestinal.
El intestino canino alberga más del 70 % de las células inmunitarias del organismo, formando una red defensiva compleja.
En la colitis eosinofílica, esta red se activa de manera anómala frente a antígenos alimentarios comunes.
Los linfocitos T y las células dendríticas reconocen proteínas no digeridas, liberando interleucinas IL-5 e IL-13 que atraen eosinófilos. Estos eosinófilos, al degranularse, dañan la mucosa intestinal y aumentan la permeabilidad epitelial.
Como consecuencia, más alérgenos atraviesan la barrera intestinal y perpetúan la inflamación local. La microbiota intestinal influye directamente en esta respuesta, modulando la maduración inmunológica y la tolerancia oral.
Diets basadas en proteínas nuevas o hidrolizadas reducen la exposición antigénica y ayudan a reequilibrar la inmunidad mucosa. Asimismo, los ácidos grasos omega-3 ejercen un efecto inmunomodulador, disminuyendo las citoquinas inflamatorias derivadas del ácido araquidónico.
Una correcta gestión inmunonutricional puede lograr remisiones prolongadas y reducir la dependencia de fármacos inmunosupresores.

En los perros con colitis eosinofílica, ciertos componentes dietéticos actúan como detonantes inmunológicos. Las proteínas animales comunes, como las del pollo o la ternera, son los principales alérgenos identificados.
Cuando atraviesan una mucosa intestinal inflamada, son reconocidas como antígenos y estimulan linfocitos Th2.
Este proceso libera citoquinas como IL-4 e IL-13, que promueven la infiltración de eosinófilos en la submucosa colónica.
Los aditivos alimentarios colorantes, conservantes y potenciadores del sabor también alteran la microbiota y debilitan la barrera intestinal.
El exceso de grasas saturadas y carbohidratos refinados potencia la disbiosis y aumenta los metabolitos proinflamatorios. Por otro lado, una baja ingesta de fibra fermentable limita la producción de ácidos grasos de cadena corta, vitales para la integridad epitelial.
Sin estos compuestos, la mucosa pierde su capacidad de reparación y favorece la exposición antigénica continua.
La combinación de antígenos alimentarios, disbiosis y permeabilidad intestinal incrementa el daño tisular y la persistencia del cuadro inflamatorio.
En consecuencia, la selección de dietas con proteínas novedosas, alta digestibilidad y fibra funcional se considera clave para controlar la enfermedad.
Res (beef): bovine serum albumin (BSA), globulinas y proteínas miofibrilares. Estas proteínas actúan como antígenos IgE/IgG.
Pollo (chicken): proteínas musculares y albúminas aviares; inducen respuesta Th2 y reclutamiento eosinofílico.
Lácteos (milk): caseína y β-lactoglobulina; son alérgenos frecuentes que desencadenan inflamación intestinal.
Huevo (egg): ovalbúmina y ovomucoide; reconocidos como alérgenos IgE en perros sensibles.
Trigo y otros cereales con gluten (wheat): gliadinas/gluteninas; pueden provocar hipersensibilidad y daño mucoso.
Soja (soy): proteínas de soja (Gly m) que actúan como antígenos dietéticos en perros susceptibles.
Pescado y mariscos: tropomiosina y otras proteínas marinas; potenciales alérgenos cruzados.
Aditivos y conservantes (BHA, BHT, colorantes): alteran microbiota y aumentan permeabilidad intestinal.
Grasas saturadas y alimentos ultraprocesados: favorecen disbiosis y producción de metabolitos proinflamatorios.

En los perros con colitis eosinofílica, la exposición repetida a proteínas dietéticas específicas puede activar una reacción inmunitaria anómala.
El sistema digestivo responde con infiltración de eosinófilos, liberación de citoquinas y daño en la mucosa intestinal.
Además, la disfunción de la barrera epitelial aumenta la absorción de antígenos alimentarios, intensificando la inflamación.
Por otro lado, las proteínas con alto peso molecular y baja digestibilidad suelen ser más inmunogénicas.
A continuación, se detallan las principales proteínas que inducen reacciones eosinofílicas según la evidencia científica.
En los perros con colitis eosinofílica, el consumo crónico de piensos ultraprocesados o alimentos que contienen aditivos sintéticos puede agravar el daño intestinal.
Por lo tanto, se debe extremar la precaución y proporcionar alimentos especiales para perros con colitis, según el tipo de inflamación y las recomendaciones del veterinario.
Estas sustancias alteran la microbiota, aumentan la permeabilidad epitelial y estimulan una respuesta inmunitaria anómala, favoreciendo la infiltración de eosinófilos.
Además, algunos conservantes modifican el pH intestinal y la producción de mucina, reduciendo la protección natural de la mucosa del colon.
Principales aditivos y conservantes proinflamatorios
Efectos combinados sobre el colon
Cuando varios de estos aditivos se consumen juntos, el efecto inflamatorio se potencia sinérgicamente.
La mucosa colónica pierde capacidad de reparación, se alteran los eosinófilos locales y se reduce la tolerancia inmunológica a las proteínas alimentarias, agravando los síntomas clínicos y senales de alerta de la colitis eosinofílica (diarrea crónica, tenesmo, heces con moco y sangre).

Los perros con colitis eosinofílica presentan una hiperreactividad inmunitaria frente a proteínas y aditivos comunes.
El objetivo del manejo nutricional es eliminar todos los componentes que estimulen la respuesta eosinofílica, alteren la microbiota intestinal o aumenten la permeabilidad de la mucosa.
A continuación se detallan los alimentos más perjudiciales:
Contienen proteínas altamente alergénicas y productos de oxidación lipídica que activan linfocitos Th2 y eosinófilos.
Suelen incorporar nitritos y fosfatos, que intensifican la inflamación del colon.
En algunos casos, los perros presentan reacción cruzada inmunológica con proteínas bovinas.
estimulación de IgE y producción local de interleucinas (IL-5, IL-13), responsables del reclutamiento eosinofílico.
El pollo es una de las principales proteínas sensibilizantes en perros con colitis crónica.
Las dietas con proteína de pollo industrial contienen residuos de antibióticos y grasas oxidadas que dañan la mucosa intestinal.
Muchos perros mejoran clínicamente al retirar el pollo durante 8–12 semanas.
reactividad cruzada con albúminas séricas y activación de mastocitos intestinales.
La lactosa y las caseínas aumentan la fermentación colónica, generando gas, diarrea y disbiosis.
En perros con daño epitelial, las proteínas lácteas pueden atravesar la barrera intestinal y activar eosinófilos.
malabsorción de disacáridos y respuesta IgE/IgG frente a caseína bovina.
Ricos en gluten y glicininas, compuestos que actúan como antígenos proinflamatorios.
Alteran el equilibrio de Lactobacillus y Bifidobacterium, debilitando la barrera intestinal.
También pueden contener micotoxinas residuales que intensifican el daño epitelial.
activación de receptores TLR-4 y aumento de citocinas proinflamatorias (IL-1β, TNF-α).
En casos de colitis eosinofílica avanzada, los pescados de origen no controlado aportan metales pesados (Hg, Cd) y oxidación de lípidos.
Estos compuestos inducen estrés oxidativo y alteran las células inmunitarias del intestino.
daño mitocondrial en enterocitos y activación de macrófagos M1.
Contienen colorantes, saborizantes y conservantes (BHA, BHT, glutamato, benzoato) que aumentan la permeabilidad intestinal.
Favorecen la infiltración de eosinófilos y agravan el cuadro clínico.
alteración de uniones epiteliales y desequilibrio de la microbiota intestinal.
Estos carbohidratos fermentables generan distensión intestinal, gas y dolor abdominal.
Pueden exacerbar los síntomas en perros con colitis o síndrome de intestino irritable asociado.
fermentación bacteriana excesiva y aumento de ácido láctico intracolónico.
Elevan los niveles de prostaglandinas proinflamatorias (PGE2).
Dificultan la absorción de nutrientes y alteran el equilibrio de ácidos grasos omega-3/omega-6.
oxidación lipídica y aumento del estrés oxidativo mucosal.
Las proteínas de alto peso molecular y las carnes rojas procesadas suelen estar entre los principales desencadenantes inmunológicos en perros con colitis eosinofílica. Estas proteínas generan una mayor exposición antigénica en el colon, lo que puede activar la infiltración de eosinófilos y la liberación de citoquinas proinflamatorias.
Los granos como maíz, trigo y cebada se encuentran entre los principales desencadenantes dietéticos de recaídas en perros con colitis eosinofílica persistente. Estas materias primas contienen gluten, lectinas y amilasas resistentes, compuestos capaces de alterar la permeabilidad intestinal y estimular la liberación de eosinófilos en la mucosa del colon. Además, el gluten del trigo puede inducir una respuesta inmunitaria cruzada que agrava la inflamación en animales predispuestos genéticamente.
Por otro lado, el maíz aporta proteínas del tipo zeína, de baja digestibilidad y con potencial alergénico, mientras que la cebada contiene β-glucanos y polisacáridos no digeribles que pueden fermentar excesivamente en el intestino grueso, generando gases y acidez colónica. Estas reacciones bioquímicas perpetúan el daño epitelial y dificultan la remisión clínica, incluso bajo tratamiento inmunomodulador o dietético controlado.(Zhang J, Ji Y, Yang Y, Wu Z. Grain-Free Diets for Dogs and Cats)
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